Galerías de Arte en la Ciudad Colonial

“Solo el arte penetra lo que el orgullo, la pasión, la inteligencia y la costumbre erigen por todas partes: Las realidades aparentes de este mundo. Existe otra realidad, la verdadera, que perdemos de vista. Esa otra realidad siempre nos está enviando señales, que, sin arte, no podemos recibir”. Samuel Bellow

El arte es un concepto que envuelve todos los tipos de expresión humana que interpretan una visión sensible acerca del mundo, ya sea real o imaginario. Y en esta oportunidad quise escribir sobre algo que me causó curiosidad, las galerías de arte en la Ciudad Colonial. La función de estos lugares es exponer obras de arte para que el público pueda apreciarlas, y en algunos casos un coleccionista pueda adquirirlas.

Pues bien, mi búsqueda inició en Google. La ciudad no es muy grande, por lo que es fácil movilizarse de un punto a otro caminando, entonces quise trazar un tour para visitarlas. Encontré nueve galerías en internet, verifique (o al menos así lo creí) que estuvieran activas. Pero me lleve una sorpresa al siguiente día cuando empecé a buscarlas por la ciudad, lo que ocurre es que este tipo de negocios van y vienen como las novias, un día están, y al otro desafortunadamente no. Entonces decidí cambiar el enfoque de mi investigación y concentrar esfuerzos en encontrar las galerías con más trayectoria, las que han sido consolidadas por lo que hacen.

Esa búsqueda en específico fue la que me llevó a mi primera parada, Casa de Artes, una galería con cincuenta y cinco años de trayectoria. Llegué sin anunciarme, toque el timbre y en cuestión de segundos apareció un caballero alto y con anteojos del otro lado de la puerta de vidrio con una mirada curiosa. “¿Si?”- Me preguntó. Yo procedí a explicarle quien era y porqué estaba ahí. Luego de eso me dio una grata bienvenida, su nombre es Carlos, el encargado de la galería, me invitó a pasar. La Galería está dividida en cinco secciones: Textiles, máscaras, santos, joyería; y mayólica, expresiones artísticas de las tradiciones indígenas y coloniales. La galería ofrece atención personalizada en una tienda tipo museo, y una amplia selección de piezas originales del arte folclórico tradicional guatemalteco. Me topé con máscaras que datan del siglo XIX cuyos acabados aunque similares, diferentes a todas las máscaras tradicionales que había visto; imágenes talladas en madera de Cristo, el Diablo, el famoso y a la vez infame Maximón, y muchos más. Relicarios, pendientes y collares únicos en su clase, al igual que las singulares piezas que conforman su sección de mayólica.

Pero no solo eso, Carlos, quien me acompaño por el recorrido, me invitó a conocer una nueva sección de la galería, un museo que estará abierto al público muy pronto. En este museo se exhiben las piezas más selectas, antiguas y especiales de su colección.

Regresé unas semanas más tarde a tomar unas fotografías, cuando el museo ya estaba listo para ser presentado al público. Mientras recorría la colección le pregunté a Carlos sobre algunas de sus piezas favoritas. Justo en la sección de máscaras me comentó que una de sus piezas favoritas es una máscara del conquistador Pedro de Alvarado, hay muchas máscaras de él, pero esta es muy singular por los acabados que tiene. Los detalles del rubor en sus mejillas están muy bien hechos, y se llega a ver incluso como si su “piel” tan clara se encontrara quemada por estar expuesta al sol de la región. En lo personal, lo que encontré más interesante de esta mascara fue su mirada, ya que los acabados de los ojos son muy finos, al punto de simular una mirada humana a la perfección. Las máscaras están tan bien elaboradas que incluso Carlos dice que a pesar de no ser nada supersticioso, a veces se siente como si las miradas lo siguieran a uno por el pasillo.

Otra de sus piezas favoritas es un textil confeccionado a mano que data de 1920, de los que se usaban para vestir imágenes religiosas. Éste forma parte de la colección de textiles “Gwen-Eva”, llamada así en honor a su fundadora, Eva, y su hija Gwen, quienes empezaron a coleccionar estas piezas en la década de los 60’s. Hoy en día, la tradición permanece en la familia, y es Karla, la nieta de Gwen, quien junto a Carlos preservan el legado de esta maravillosa Galería y su nuevo Museo Etnográfico.

Luego de esa interesante excursión por nuestro arte folclórico tradicional, me dirigí a mi siguiente parada, esta fue en Casa para las Artes, una galería de fundación más reciente, abrió sus puertas en 2014. Ahí conocí a Joel Batz, uno de los fundadores de la galería. Mientras en el fondo sonaban las cuatro estaciones de Vivaldi, y un artista pintaba en el patio, Joel me comentaba que la visión de la galería es alcanzar más artistas guatemaltecos que estén identificados ya con su estilo propio, y que se encuentren en el punto en el que están listos para exponer. Tratan de buscar a los artistas que ya han consagrado su estilo. De momento la galería alberga obras de treinta artistas que se especializan en distintas técnicas como el paisajismo, la abstracción y la escultura, entre otras.

Joel se define a él y a sus socios como artistas independientes, quienes además de desarrollar la visión que mencioné en el párrafo anterior, tienen una visión complementaria que consiste en su obra social.

En esta obra social se les da clases a niños, los materiales y maestros son financiados por porcentajes que los mismos artistas donan de la venta de sus obras para la realización de este proyecto que inició cuando la galería se fundó. Consiste en llevar al equipo de trabajo a distintas aldeas en búsqueda de niños hábiles en el ámbito artístico, para estimular su desarrollo artístico al darles las herramientas que necesitan para formarse en esa disciplina a temprana edad. De esa forma, tendrán las bases necesarias para seguir formándose en ese mundo si ellos así lo desearan.

En esta galería pude apreciar ciertas obras que llamaron mi atención en particular, algunas del propio Joel que incorporan elementos de nuestra cultura en unas peculiares acuarelas, una de ellas incluso me recordó a mi hogar, en esta pintura hay una camioneta extraurbana (que por alguna razón que no les explicare ahora, me recuerda a mi padre) llena de personas, a más no poder. Sobre ella animales de granja (que a mi madre le encantan), y elementos propios de un hogar en el techo. Para los que hemos podido viajar en estos buses de ruta, la aglomeración de gente que se ve en la pintura nos resulta lógica y natural, Joel representa de una manera muy singular un aspecto cultural que no todos los guatemaltecos entenderán, ya que no todos lo han vivido, pero sin duda lo van a reconocer.

También me topé con unas interesantes esculturas del artista David Ordoñez, tituladas “Tanates”, son una representación de algo muy común en nuestro país, y es que así le llamamos a los bultos o cosas envueltas en mantas o telas que usualmente se llevan de viaje. Las texturas, los colores y los detalles que se ven en los telares que envuelven los “tanates” son visualmente despampanantes, intrigantes incluso, ya que nos invitan a imaginar que objetos llevan resguardados dentro de sí.

Casa Para las Artes se encuentra abierta al público, también es un taller para artistas y academia de arte. Se encuentra cerca de la salida que uno toma para la capital, y considero que es una parada indispensable para los amantes del arte contemporáneo.

A este punto no tenía muchas más galerías en mi lista, pero por azares del destino me encontré con una pequeña galería mientras caminaba por la calle. Desafortunadamente no encontré al galerista ese día, pero conocí a Manuel Morillo, quien cuidaba la galería. Resulta que Manuel es un destacado fotógrafo, de momento expone “Españoramicas” en la Cooperación Española, y yo había escrito un artículo sobre esa exposición (que mundo tan pequeño), por lo que fue una grata coincidencia conocerle. Manuel fue muy amable y me compartió algunos datos sobre galerías que podría checar para el artículo.

Fue así que me enteré de una joya oculta en el corazón de un pequeño pueblo ubicado a cinco minutos al sur de La Antigua, en Santa Ana. Yo sé que el periodismo debe de ser objetivo, pero como ya se habrán percatado si han leído mis artículos previos, en vez de desapegarme de la realidad de la historia, me gusta sumergirme en ella y dejar que se cuente sola a través de mi perspectiva. Es por eso que puedo escribir sin el más mínimo tapujo que la experiencia que tuve en “La Nueva Fábrica” ha rozado lo surreal.

Se encuentra justo frente a la iglesia del otro lado de la plaza central del pueblo. Es un proyecto desarrollado por la Fundación Nuevas Raíces, la cual desde 1998 ha trabajado con más de 25 comunidades en Guatemala para implementar proyectos ambientales y educativos. En 2013, establecieron un programa de residencia para artistas en memoria de su fundadora, la artista Lissie Habie (1954-2008), e iniciaron los preparativos para establecer un espacio en el que el arte y la colección de Lissie fueran expuestas, junto con el trabajo de los artistas de la residencia.

La primera exposición que visite en esta galería con vibra de museo de arte contemporáneo fue una exposición fotográfica del archivo del Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (CIRMA), una vasta colección fotográfica de autoría varia, cuyos autores encapsularon con sus lentes fragmentos del tiempo para que nosotros los veamos. Algunas fotos ya había podido verlas, como algunas muy recientes que el CIRMA expuso hace unos meses sobre el fenómeno migrante, siempre se quedará conmigo la primera impresión que me causó una fotografía de una familia de migrantes que se levanta antes de que salga el sol para seguir con su recorrido, con la back light de un carro en el fondo siendo lo único que rompe la penumbra. Hubo una fotografía en especial que nunca había visto y me gustó mucho, esta foto se tomó en Chile, y en ella se puede ver al Señor Presidente José Arévalo Bermejo junto a los ilustres escritores sudamericanos Salvador Allende y Pablo Neruda, uno de mis escritores favoritos, algo que para mí fue muy agradable poder ver.

Luego de la colección de CIRMA pasé a la sección en la que se encuentra el archivo de la artista Lissie Habie, quien descubrió un nuevo mundo mediante la manipulación mecánica y química de la luz para reestructurar el significado de las imágenes. Empezó a coleccionar fotografías como parte de su exploración artística, rescatando de esta forma procesos fotográficos abandonados como la impresión al carbón, el cianotipo, la impresión en gelatina de plata, y otros. Reunió trabajos fotográficos de origen latinoamericano de todo el mundo, con el fin de regresarlas a su contexto geográfico, para que puedan ser apreciadas por el público. En el archivo hay trabajos anónimos, así como trabajos de artistas residentes.

Entre estas fotografías encontré un bello retrato que se imprimió en gelatina de plata, de la inconfundible Frida Kahlo, tomada por el norteamericano Nickolas Muray, en donde la artista posa cruzando sus antebrazos mientras exhibe una sutil sonrisa. Además de estas exposiciones, pude conocer un proyecto llamado “Intimo”, en el que se cede espacio a los artistas para expresar y explorar sus preocupaciones, curiosidades y sentimientos más recurrentes, en donde por ahora se exhibe “Por maniobras de un terceto” de Clara de Tezanos. También pude apreciar una instalación que lleva por nombre “Altares de Cristal”, una magnífica instalación que más allá de ser descrita a grandes rasgos por mí, debe ser apreciada en vivo, y por eso me limitaré a agregar una imagen de ella en el artículo, y a dejarlos con la incertidumbre de su naturaleza. Tomé algunas fotografías en el lugar, algunos apuntes, lo contemple mientras recorría sus exposiciones una última primera vez, y seguí con mi camino.

Sé que a este punto, el artículo ya es más extenso de lo que acostumbro a escribir para el blog, pero no se puede sintetizar el arte, y vaya que durante esta aventura lo he intentado, sin éxito obviamente.

Bueno, con éxito, pero sin resumir. Y fue de esta forma, con arte y sin resúmenes, que conocí la que sería la última parada de este viaje.

Esta última parada lleva por nombre “La Antigua Galería de Arte”, se ubica en la calle del Arco de Santa Catalina, abrió sus puertas en 1996, fue fundada por Estela Vásquez y su esposo Brian Johnston, exhiben arte contemporáneo de diversos artistas. La Galería representa más de 50 artistas, de esos el 80 por ciento son guatemaltecos y el otro 20 es extranjero. Entre los estilos que exhibe la galería se encuentran el figurativo, el paisajismo, abstracto, esculturas, fotografías y más.

La galería exhibe piezas muy interesantes, como “Poemas de la noche” de Hugo González Ayala, una exhibición de quince oleos sobre cambas, en donde representa diferentes lugares de Guatemala como Antigua, Sololá y Quetzaltenango, en su mayoría escenas nocturnas en donde Ayala busca encontrar ciertos movimientos y ritmos a través de la luz, y la modificación de la paleta de colores. Según el mismo Ayala, lo que quiere transmitir es un sentimiento o emoción en una forma simple, para él, existe cierta analogía entre la poesía y la pintura.

También me encontré con unas esculturas de arcilla un poco abstractas pero visualmente muy atractivas para mí, al tratarse de figuras representativas de la cultura guatemalteca pensé que él o la artista debía de ser local. Pues, como suele pasar, me lleve una sorpresa, ya que estas piezas pertenecen a la artista noruega Hanne Lunder, cuya obra ha sido influenciada en parte por elementos que encontró en esta tierra, como los símbolos, colores y diversidad. Su obra se caracteriza por su proceso tan propio de arcilla y color. Las esculturas que captaron mi atención fueron cuatro bustos de mujeres indígenas, con vestimentas coloridas y accesorios que resultaron familiares. También fue interesante notar que todas llevaban algo sobre su cabeza, como se acostumbra, manteniendo en perfecto equilibrio estos objetos sobre sí.

En los dos pisos de la Galería vi muchas piezas que me interesaron, como las pinturas de Alfredo García Gil, impregnadas con una real crítica social a mi parecer; O las personalísimas obras de Andrea Paola Castillo, las cuales capturan el complejo hecho de ser mujer; El volumen que emplea Rogelio Barillas contrastado con las sutiles expresiones faciales de sus personajes; o la texturizada paleta de colores que utiliza Sergio Alvarado que me recordó a Van Gogh, todas magistrales a su manera. Si detallara cada pieza que me gustó de cada galería que visité, terminaría escribiendo un libro, pero no es el caso. A este punto lo que yo quisiera es que el lector, o sea, ustedes que me leen, no se queden solo con mi impresión de estas magnificas obras, si no que salgan a hacer sus propias; y aquel que lo haga, cuando contemple esa pieza que de forma inexplicable le cause un sentimiento dentro de lo más profundo de su ser, que lo quema como una tizón al rojo vivo, en ese momento cuando descubra el arte, recordará este pequeño artículo.

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