Concepción

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La ciudad de Santiago no tuvo monasterio de monjas por más de cincuenta años. El Obispo Francisco Marroquín había contemplado esta situación, y dispuso en su testamento que cierta cantidad de dinero fuera puesta a disposición de esa causa. Eso sucedió en 1563, pero no fue sino quince años más tarde que una abadesa y tres monjas llegaron desde México para fundar el monasterio de la Inmaculada Concepción de María. Este establecimiento era muy importante en la ciudad, podemos notar su importancia debido a su rápido crecimiento ya que, para 1585 había más de treinta monjas que residían en el convento.

La mayoría de las profesas pertenecían a las principales familias de la colonia, por lo que traían dotes grandes. Creció tanto el convento que eventualmente llegó a ocupar un sitio de dos manzanas cuadradas, el espacio es comparable al ocupado por el convento de San Francisco, y su iglesia era de las más ricas de la ciudad colonial. Cuando se fundó no se limitó el número de monjas que podían habitar en el convento, debido a esto, su número fue variado durante los dos siglos que este funcionó.

Es posible que en su época más concurrida haya alcanzado las ciento noventa monjas. En una declaración con fecha del 9 de diciembre de 1729, establece que en el convento había ciento tres monjas, ciento cuarenta pupilas, setecientas criadas y doce beatas profesas con domicilio en el convento. Sin embargo, para 1740 el número se había reducido a dos novicias y setenta y nueve monjas.

Durante los terremotos de 1717, los edificios del convento se vieron gravemente afectados, y las monjas se vieron obligadas a vivir en ranchos de paja por largo tiempo. Puede que la disminución en el número de monjas se haya debido a eso, o al hecho de que ya había más conventos en la ciudad, por lo que este nunca recobró su interés original. A pesar de ello, la iglesia fue reparada, y las partes que siguen dañadas son indicio de que aún era una importante casa de religiosas para el año de 1773.

No hay suficientes ruinas como para darnos una idea de la edificación en su época de mayor desarrollo. Aunque el plano del templo nos indica la importancia y tamaño de este convento. La iglesia es maciza y casi no posee ornamentos, su decoración es muy sutil. Se dice que la iglesia estaba adornada por uno de los altares más esplendidos de la ciudad, al igual que algunas de las mejores obras de arte locales.

Entre las ruinas destaca una parte del convento que se ha conservado muy bien. Se trata de un singular claustro construido dentro de otro. Se dice que se construyó para la hija de un vecino adinerado de Santiago. Juana de Maldonado y Paz, fue una controversial poetiza y música, quien con el dinero de su padre construyó una casa amplia dentro del convento para vivir en ella. Así era la vida de algunas religiosas profesas en este convento que sugería comodidad, refinamiento, e incluso lujo.




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