Convento de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (Capuchinas)

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Las monjas capuchinas de Madrid hicieron una petición para tener un convento de su orden en Santiago, y en 1720 el rey empezó a investigar la conveniencia de establecer uno. El 5 de mayo de 1725, el rey Felipe V concedió el edicto para fundar Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza de las monjas capuchinas. Los conventos ya establecidos en Santiago requerían de una dote para ingresar, este requerimiento impedía a muchas mujeres de bien pero pobres adoptar la vida religiosa. Es posible que uno de los factores decisivos para otorgar el edicto real fuera la necesidad de un convento en Santiago que no tuviera ese requerimiento.

Tras un viaje de nueve meses desde Madrid, las cinco monjas fundadoras del convento llegaron a su destino el 22 de enero de 1726. Como su convento aún no estaba listo, fueron hospedadas en el convento de las Carmelitas. El obispo bendijo la iglesia y convento, y el 20 de marzo de 1726 guio a las monjas en procesión solemne desde la Catedral hasta la iglesia Capuchina. Dos años más tarde, en 1728, le fue solicitado permiso al monarca español para expandir el número de monjas a treinta y tres como era usual en establecimientos de la orden en España, en el nuevo mundo era aun mayor el número acostumbrado. También, el presidente de la “Audiencia” y del Consejo Eclesiástico atestiguó la necesidad de las Capuchinas de un precinto más adecuado, misma que expresó en cartas.

Las monjas fueron afortunadas pues el nuevo obispo, quien asumió el cargo en 1730, se encargó de la construcción de un amplio convento para ellas, absorbiendo los gastos. Al considerar inadecuado el sitio en el que estaban, decidió utilizar uno de los que se consideraron antes de la fundación, la escuela de Niñas Doncellas, llamada comúnmente “Niñado”. Las dos edificaciones estaban bajo protección de la corona por lo que el intercambio de precintos no fue complicado. Un año más tarde, Diego de Porres examinó el Niñado para estimar el costo de adaptar la edificación a los requerimientos del convento.

La construcción de la magnífica iglesia y convento se dio de 1731 a 1736, la financió el obispo Juan Gómez de Parada. Fue diseñado por el Arquitecto Maestro, Diego de Porras. El convento original ocupaba una cuadra completa. 18 celdas en grupo, distribuidas en una estructura circular constituyen este edificio impar, usado para retiros espirituales. Es el quinto y último convento que se fundó en Santiago, existió por un poco más de cuarenta y siete años. Sin embargo, es una muestra magnifica de un convento del siglo XVIII.

El edificio fue abandonado en 1773 debido al daño severo que ocasionó el terremoto que se dio ese año, y estuvo abandonado hasta su venta. Luego, en 1943, se iniciaron las obras de conservación y protección, en el cuarto centenario de la fundación de la ciudad. Siete años después, el Instituto de Antropología e Historia (IDAEH) realizó las tareas de restauración. Y posteriormente se mudó al edificio el Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala (CNPAG) en 1972.

Esta ruina monumental ha captado el interés de quienes han podido verla. Y es es un excelente sujeto de estudios para estudiantes de historia y arquitectura.




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