San Juan Del Obispo

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El pequeño pueblo de San Juan está localizado en las faldas inferiores del Volcán de Agua, a tres kilómetros de Santiago. Francisco Marroquín, quien fue el primer obispo de Guatemala, construyo una iglesia y un palacio con excelente vista al valle de Panchoy, y a la ciudad de Santiago que en ese tiempo se estaba construyendo. El obispo estaba residiendo allí en marzo del 1563, enfermó e hizo su testamento en abril antes de fallecer, y el 20 de abril de 1563 se enterraron sus restos en la catedral.

El valor histórico de San Juan radica en que se ha podido conservar el aspecto que tenía a mediados del siglo XVI. En ese entonces no se consideraba ni siquiera un arrabal de Santiago, sin embargo, era parte de la ciudad históricamente y su aspecto le da un valor histórico muy grande, tan valioso como cualquier edificio de la ciudad. El palacio fue remodelado, pero no se modificó materialmente. La iglesia conserva aún su mobiliario más primitivo.

Es bastante sencillo el interior del templo, la iluminación no es muy buena, y no está tan bien construido. Es por eso que ha requerido numerables reparos en sus cuatrocientos años de historia, más no ha sido reconstruido. Hoy en día queda tan solo una fábrica del siglo XVI que ha sido arreglada numerosas veces, con un techo de teja y madera, que ha sido reforzado con pilares de madera y bases de piedra. Un fragmento de su mobiliario es tosco, pero en el pequeño coro hay un órgano antiguo que no puede pasar desapercibido.

Por su parte, el palacio cuenta con otro tipo de acabados, y tres patios, entre ellos uno que tenía su propia entrada por una escalera doble monumental. También tenía habitaciones, sala de recibo, corredores y arcos, con una muy buena iluminación. La galería es lo más interesante de esta edificación, extendida por los lados oriental y norte. Permite ver el valle y los cerros al norte desde su panorama.

San Juan del Obispo fue una vicaría bajo jurisdicción de la Orden Franciscana de Santiago hasta mediados del siglo XVII. La residencia se mejoró por aquello de 1660, y se decidió que al ser un espacio lo suficientemente amplio para albergar a seis religiosos, podría funcionar mejor como un convento, ya que la población había aumentado en la zona. No quedan muchas cosas realmente antiguas en el área residencial además de las rejas. El arzobispado de Guatemala ha emprendido la conservación de estas ruinas, y la renovación de una parte del palacio. Han realizado esta obra despacio, pero con sumo cuidado y desde luego, un buen criterio.




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