Santa Catalina Mártir

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El permiso para construir el segundo convento de monjas en Santiago se otorgó en 1609. Ese mismo año, el 27 de diciembre, se les dio posesión de una casa donada a cuatro monjas de la Concepción, para que establecieran un convento de Santa Catalina Virgen y Mártir. Al inicio se situaron en un solar que adquirieron los agustinos, pero no cumplía con las necesidades de las religiosas, por lo que el obispo les buscó un mejor sitio unos años más tarde.

Alonso de Cuéllar fue benefactor de las hermanas, este les cedió una casa y un sitio en la manzana continua al sur del convento de la Merced, que tenía un amplio frente que daba a la Plaza Real. Este espacio se adecuaba mejor a las necesidades inmediatas de las monjas, entonces se alistó para que pudieran ocuparlo, cosa que hicieron el 10 de mayo de 1613.

Durante los años que siguieron, el convento y el templo se desarrollaron con mucho entusiasmo. El número de monjas ya había crecido a cincuenta y dos para 1631. El templo era de tamaño reducido, y su iglesia la más pequeña de las iglesias conventuales de Santiago. Esta se empezó a construir en 1626 cuando la obra fue contratada por Francisco Hernández de Fuentes. Fue necesario reconstruirla pronto, en 1631, es posible que su estructura fuera defectuosa o haya sido terminada inadecuadamente.

La iglesia de dedicó el 15 de septiembre de 1647, los planos siguieron las tendencias de los conventos femeninos en la ciudad, como por ejemplo, que su dimensión más larga quedara en paralelo a la calle. Escritos nos sugieren que en el templo había seis altares laterales con imágenes importantes.

A mediados del siglo XVII, la abadesa solicitó espacio para ensanchar el convento. El solar estaba limitado por otras construcciones residenciales, y el número de monjas se incrementaba de forma rápida. En 1693 se les concedió una licencia para que pudiesen construir un puente arqueado que les diera acceso a una huerta y jardines. La construcción del arco se dio en el momento en que el convento tenía el mayor número de profesas. En 1697 el convento contaba con ciento diez monjas y seis novicias. Pero luego de los terremotos de 1717 el número bajo considerablemente, y para 1940 las religiosas eran menos de cincuenta.




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